Martes | 19.08.08
 
 
El discreto encanto de la burguesía (Francia, España, 1972)
de Luis Buñuel
Editora: Plus Video/Gativideo

Los seguidores de Luis Buñuel están de parabienes. Al lanzamiento reciente, en copias restauradas, de Belle de jour y Ese oscuro objeto del deseo, viene ahora a sumarse el film más surrealista de su última etapa, marcado por la lógica de los sueños.

Las discusiones entre los seguidores de Luis Buñuel suelen no tener fin cuando el tópico se centra en la cuestión de cuál es el período más fructífero e interesante de su carrera. Desde hace un tiempo existe, es cierto, cierto consenso crítico que ubica su etapa mexicana como perfecto ejemplo de combinación entre arte e industria; según esa teoría, serían los mismos condicionamientos del proceso de producción –guiones que no escapan de los lineamientos de los géneros populares, trabajo con estrellas, etc.- los que explotaban al máximo las capacidad creativas del cineasta aragonés.

Otros, sin embargo, prefieren la temprana y brevísima obra ciento por ciento surrealista integrada por Un perro andaluz y La edad de oro. Finalmente, un tercer grupo destaca sin dudarlo sus últimos largometrajes -todos ellos producidos en Francia- como el pico artístico de su carrera, etapa que se inicia en 1963 con la adaptación de Diario de una camarera. Es precisamente este período el que viene recibiendo cierta atención en el mercado del dvd argentino, con una serie de lanzamientos –tres hasta el momento- del sello Plus Video.

A la aparición en copias restauradas de Belle de Jour y Ese oscuro objeto del deseo, editadas durante los últimos meses, viene ahora a sumarse su antepenúltimo largometraje, El discreto encanto de la burguesía, film insignia que parece resumir gran parte de las obsesiones temáticas del realizador. Tal vez su film más surrealista en esta última etapa, sin dudas el más marcado por la impronta de lo onírico, Buñuel y su habitual guionista Jean-Claude Carrière abandonan por completo cualquier anclaje en el realismo para abandonarse a un juego que hace de la lógica de los sueños el motor primordial de todas y cada una de las escenas.

Ese aspecto lúdico hace de El discreto encanto… uno de los largometrajes más estimulantes y divertidos del realizador, con su grupo de pequeñoburgueses intentando, sin demasiado éxito, cenar o almorzar en grupo a lo largo de una serie de días (o sueños). Ni siquiera la presencia constante de la muerte parece amedrentar a los comensales, que repiten hasta el hartazgo la misma serie de ridículos, estériles rituales.

Una gran película que, además, nos recuerda los cambios en la apreciación del cine de un tiempo a esta parte. ¿O acaso alguien imagina a la actual Academia de Hollywood dándole un Oscar a un film como éste?

Diego Brodersen

Colección Jacques Tati y Colección Hnos. Marx
Directores varios
Editora: AVH

El sello AVH acaba de lanzar, de forma simultánea, cuatro films del gran comediante francés Jacques Tati y los primeros cinco largometrajes del cuarteto de hermanos comediantes más famosos de la historia: los Marx. Una excelente noticia para cinéfilos y coleccionistas de cine clásico.

En un mercado que, más allá del esporádico lanzamiento de algunos títulos, continúa vistiendo pantalones cortos en lo que respecta al universo del cine del pasado, resulta más que bienvenida la aparición de dos colecciones dedicadas a dos estilos muy diferentes de comedia. El sello AVH, que durante este 2008 ha reforzado ostensiblemente su librería de films clásicos, editó simultáneamente nueve largometrajes protagonizados, en cinco casos, por los famosos Hermanos Marx y, en los cuatro restantes, por el comediante y realizador francés Jacques Tati.

La colección dedicada a Tati está integrada por su primer largometraje, Día de fiesta, que se presenta en su versión en colores, restaurada recientemente por su hija Sophie Tatischeff. Rodada en 1947 con dos cámaras -una con un negativo en blanco y negro, la otra con un proceso experimental en colores-, problemas de producción hicieron que el film sólo se conociera en la primera de estas versiones. Día de fiesta anticipa muchas de las constantes humorísticas que Tati continuaría investigando en largometrajes posteriores, como Las vacaciones del Sr. Hulot y Mi tío, otros dos títulos que integran esta colección.

El cuarteto de films del francés se completa con la que quizás sea su obra maestra, Play Time, un extraordinario tratado, en clave de humor, sobre las sociedades modernas y algunas de sus taras más evidentes. Virtualmente sin palabras, el film presenta una serie de secuencias de enorme belleza visual donde los patrones arquitectónicos refuerzan un estilo de comicidad que reelabora de manera personal varios tópicos de la comedia muda. Play Time viene acompañada de un par de documentales de enorme interés histórico.

La segunda colección en formato digital presenta los primeros cinco largometrajes de los Hermanos Marx -Groucho, Chico, Harpo y Zeppo-, producidos por Paramount Pictures entre 1929 y 1933. Se trata, sin dudas, de las películas más anárquicas y disparatadas de su filmografía, antes de su pase a la Metro Goldwyn Mayer: Los cuatro cocos (Cocoanuts), El conflicto de los Marx (Animal Crackers), Pistoleros de agua dulce (Monkey Business), Plumas de caballo –estas dos dirigidas por Norman Z. McLeod- y la extraordinaria Sopa de ganso, de Leo McCarey.

Las ediciones son idénticas a las lanzadas en territorio estadounidense hace algunos años y no poseen demasiados extras, apenas algunas apariciones televisivas en los años 60 de Groucho y Harpo. De todas formas, las verdaderas estrellas son las mismas películas, inigualables en su vertiginoso uso tanto del humor físico como del verbal. Cinco joyas que, por momentos, se convierten en verdaderos compendios de humor surrealista.
Kundun (Estados Unidos/1997)
De Martin Scorsese
Editora: Plus Video

De la amplia filmografía de Scorsese sólo quedaba un título no editado en nuestro país. La espera de más de una década terminó con la edición de esta polémica y bella película que reconstruye los primeros años de la compleja y trágica historia del décimocuarto y actual Dalai Lama.

El film, estrenado en los Estados Unidos a fines de 1997 con muy buenas críticas pero escaso éxito comercial, es una rareza absoluta dentro de la obra de Scorsese por sus implicancias históricas, espirituales y políticas (recibió todo tipo de amenazas por parte del gobierno chino), pero también por su estética, su estilo y su método de producción: como el director no pudo rodar en el Tíbet, se eligieron locaciones en Marruecos y allí, con el aporte de un gran equipo técnico y artístico y de un elenco de actores no profesionales, se construyeron monasterios similares a los que tenían los budistas tibetanos antes de la ocupación y anexión forzada por parte del ejército maoista en 1949 y el inicio de un largo exilio del Dalai Lama que continúa hasta hoy.

Kundun arranca a principios de los años 30, cuando un niño de apenas cuatro años llamado Lhamo es encontrado en el seno de una familia común y designado como el futuro Dalai Lama, y luego narra el largo proceso de formación hasta que el monje llega a la mayoría de edad y se convierte en la cabeza secular y espiritual de los budistas tibetanos. El film, más allá de cierto e inevitable didactismo y pintoresquismo y de unos diálogos en un inglés con acento asiático que suenan un poco forzados, es de una enorme sensibilidad y belleza y, en ese sentido, mucho tiene que ver el aporte del excepcional director de fotografía Roger Deakins en la construcción de subyugantes tomas panorámicas que le dan al relato una dimensión épica.

Precisamente, la fotografía de Deakins (habitual colaborador de los hermanos Joel y Ethan Coen) fue uno de los rubros de Kundun que merecieron gran cantidad de premios hace una década y hasta fue nominado al Oscar, al igual que la música de Philip Glass, la dirección de arte de Dante Ferretti y Francesca Lo Schiavo y el vestuario que también fue creado por Ferretti. Una película que, más allá de su "anomalía", tanto los seguidores de Scorsese como los amantes de la espiritualidad no deberían dejar pasar.
En las vías de la vida (EE.UU., 2007)
de Alison Eastwood
Editora: AVH

A pesar de su insigne apellido, el debut como realizadora de la hija de Clint Eastwood, centrado en la reunión de un conductor de trenes, su mujer enferma de cáncer y un niño huérfano, cae desde el primer minuto en todos y cada uno de los clichés del drama psicológico contemporáneo.

Es fuerte el poder de atracción de ciertos nombres, particularmente cuando detrás de un apellido se esconde una larga tradición, alguna capacidad particular o la garantía de determinada calidad. En materia cinematográfica, resulta tentador imaginar que el talento puede transmitirse de padres a hijos, genéticamente tal vez, y es por ello que la primera película “del hijo/a de” suele generar cierta clase de expectativas que van más allá de cualquier raciocinio.

En las vías de la vida (Rails & Ties es su título original) es la ópera prima de Alison Eastwood. Y, aunque no es posible encontrar el nombre de Papá Clint en los títulos del film, es claro que pertenecer a la estirpe tiene sus privilegios. Partiendo de un guión original escrito por otra debutante, Micky Levy, y contando con un reparto encabezado por Kevin Bacon y Marcia Gay Harden, el film resultaba atractivo y permitía imaginar una posible continuación del legado fílmico familiar.

Sin cargar demasiado las tintas en ese aspecto (tiempo al tiempo, vendrán seguramente otras películas), En las vías de la vida es un pequeño gran fracaso. Optando por un registro naturalista que hace foco en las causas y consecuencias del accionar de los personajes, la historia de un conductor de trenes, su mujer enferma de cáncer y un niño huérfano y de cómo sus vidas cambian para siempre a partir de un hecho trágico, cae desde el primer minuto en todos y cada uno de los clichés del drama psicológico contemporáneo.

Cuando Tom (Bacon) es investigado por un accidente ferroviario en el cual atropelló a una mujer, su matrimonio en crisis es puesto nuevamente a prueba, particularmente cuando la súbita aparición del hijo de la víctima en el hogar de la pareja les permite descubrir emociones dormidas durante demasiado tiempo. Esa lección de vida ante la muerte es el eje central del relato, una superficial y previsible investigación de las emociones en juego que, inevitablemente, reserva para el último tramo una serie de golpes emocionales diseñados para la catarsis lacrimógena del espectador.

La primera película de la hija de Clint Eastwood sufre de una chatura que intenta disfrazarse de corrección. La puesta en escena es tan aséptica como torpes son los contactos y uniones entre los personajes: al chico le encantan los trenes, la mujer siempre quiso tener un hijo, Tom también sufrió en su infancia de un padre ausente, etcétera. Esa notable falta de ambiciones narrativas termina convirtiendo a En las vías de la vida en otro olvidable paseo por caminos demasiado transitados.

Diego Brodersen

Semi-pro - El amateur (Estados Unidos/2008)
Dirección: Kent Alterman
Editora: AVH

Como suele ser la costumbre, la última comedia protagonizada por Will Ferrell se edita directamente en dvd. Sin estar a la altura de sus últimos títulos, Semi-pro abreva nuevamente en los films de deportes (en este caso, el básquetbol) para parodiarlos desembozadamente.

Las comedias de Will Ferrell no tienen demasiada suerte en nuestro país, particularmente aquellas que parodian el “film de deportes”, toda una tradición del cine norteamericano. Pateando y gritando, La balada de Ricky Bobby, Deslizando a la gloria y ahora Semi-pro - El amateur parecen predestinadas al purgatorio del directo a video, aunque es precisamente en ese mercado menor donde el cómico suma adeptos locales en una suerte de cofradía con un número creciente de miembros.

Su último largometraje, dirigido por el debutante Kent Alterman, lo encuentra debajo de la piel de Jackie Moon, dueño, entrenador y jugador de un equipo de básquetbol conocido como los Tropics, toda una expresión de deseos climática, dado su origen en la ciudad de Flint, hermana menor de Detroit, una fría ciudad fabril otrora dedicada a la fabricación de automóviles. El año es 1976 y el básquet amateur parece llegar a su fin ante el comienzo del reinado de la NBA y sus espectaculares –y millonarias- transmisiones televisivas.

Más allá de algunos gags brillantes y un par de escenas antológicas –entre ellas, el juego de póker transformado en ruleta rusa-, como en toda película deportiva que se precie, Moon y su equipo deberán romperse el alma para avanzar en la tabla de posiciones y ubicarse dentro de la lista de miembros de la famosa asociación. Gran parte del encanto de Semi-pro - El amateur surge de esa tensión entre un esquema narrativo tradicional y el ya clásico desenfado de Ferrell para el tempo cómico y la puesta en escena de los gags verbales y físicos (el comediante es un maestro en el arte de improvisar en medio de los diálogos ya escritos).

A diferencia de La balada de Ricky Bobby, extremadamente ácida y descerebrada en su apropiación del universo de las carreras automovilísticas, Semi-pro se juega en un tono un tanto más reposado y previsible. La presencia de Woody Harrelson como un ex jugador estrella en busca de una segunda oportunidad, tanto en el juego como en el amor, hace evidente esa intención de encontrar un balance entre el disparate y algunos elementos dramáticos que tienten a un grupo de espectadores más amplio.

Afortunadamente el film no cae en el cliché de tomar el aprendizaje y las lecciones deportivas como metáforas de la vida, al tiempo que destacan por su fuerza cómica esos detalles del guión que hacen que las películas de Ferrell sean siempre un poco más surrealistas de lo que aparentan en un principio. No hay que olvidar que el protagonista, además de deportista, es el responsable de un hit musical alla Barry White titulado “Love Me Sexy”. Al fin y al cabo, el afro pelirrojo de Ferrell y un secreto que se revela cerca del final confirman algo que suponíamos desde un principio.

Diego Brodersen

El gran Lebowski (The Big Lebowski, EE.UU./1998)
Dirección: Joel y Ethan Coen
Editora: AVH

La comedia protagonizada por Jeff Bridges es uno de los tres largometrajes clásicos de los hermanos Coen que se lanzan por estos días en dvd. Esta excelente noticia para los seguidores del dúo se completa con la edición digital de Barton Fink y El gran salto.

Los fans de la dupla integrada por los hermanos Coen están de parabienes: el lanzamiento en formato hogareño de su último largometraje, Sin lugar para los débiles, es acompañado por tres títulos de su filmografía que, hasta el momento, no habían recibido edición digital local. Se trata de El gran salto, Barton Fink y El gran Lebowski –en este último caso en un disco con varios extras-, todos ellos editados por el sello AVH.

Barton Fink, opus cuarto de Joel y Ethan Coen, es el film que legitimó al dúo de guionistas y realizadores con la Palma de Oro del Festival de Cannes en el año 1991. Protagonizada por John Turturro y John Goodman, se trata de una satírica mirada al mundo de Hollywood circa 1941 –no casualmente, el año de realización de El ciudadano- en la cual un dramaturgo de prestigio intenta escribir el guión de una película por encargo. Atrapado en la habitación de un asfixiante hotel, con serios problemas ligados al infame síndrome de la “página en blanco”, el joven recibe la ayuda de su vecino, un vendedor de seguros con más de una idea para el posible guión.

Si Barton Fink resulta, en gran medida, un triunfo del diseño de producción y los aspectos visuales –razón fundamental por la cual es detestada por algunos de los detractores de los Coen-, El gran Lebowski (1998), en cambio, es una de sus películas aparentemente menos ambiciosas pero más libres desde el punto de vista narrativo. Jeff Bridges interpreta a Dude, un slacker maduro con una fascinación por el bowling que se ve envuelto en una trama criminal (marca registrada de los Coen, que suelen ver en el cine policial del pasado un referente ineludible). Sin dudas, uno de los films más divertidos de la dupla.

Finalmente, El gran salto (1994), realizada inmediatamente después de Barton Fink, es una sátira que tiene como protagonista al empleado idealista de una gran empresa. Con referencias a las comedias sociales de Frank Capra –particularmente en el hecho de estar protagonizada por un joven ingenuo con una fe ciega en las instituciones-, el joven encarnado por Tim Robbins es elegido como sucesor-títere para la presidencia de la corporación, quien pondrá patas para arriba los malévolos planes del directorio.
Pasión suicida (Wristcutters: A Love Story, EE.UU./2006)
Dirección: Goran Dukic
Editora: Gativideo

Lanzada directamente en dvd, esta comedia indie con un punto de partida radical -la vida después de la muerte es, para los suicidas, un purgatorio demasiado parecido a la Tierra- se revela en última instancia como una comedia amable, final feliz incluido.

La sobrevida en el Más Allá puede ser infinitamente más aburrida que la existencia en el planeta Tierra. Eso parecen indicar las primeras imágenes de Pasión suicida, ópera prima -realizada en los Estados Unidos- del realizador croata Goran Dukic. Al menos para sus protagonistas, condenados a una suerte de purgatorio habitado exclusivamente por las almas de aquellos que acabaron conscientemente con su vida. Es lo que le ocurre a Zia (Patrick Fugit, el joven periodista de Casi famosos), profundamente deprimido luego de haber sido abandonado por su novia: un corte en ambas muñecas y a otra cosa.

O, mejor dicho, bienvenido a un ultramundo hiperrealista muy similar a las afueras de Los Ángeles. Sitio donde, por otro lado, todos hablan en idioma inglés (¿los suicidas de otros países tendrán su propio universo expiatorio?). Zia no tardará en entablar amistad con un simpático inmigrante ruso, con quien iniciará un viaje por las rutas luego de abandonar su trabajo de ultratumba en la Pizzeria Kamikaze.

En el trayecto conocerán a una autostopista, Mikal, quien insiste en que su presencia en el lugar no es otra cosa que un error de concepto –la joven murió de una sobredosis de drogas involuntaria- y que, inevitablemente, se transformará en un posible interés amoroso del protagonista. Luego de diversas idas y venidas, el film reserva una participación especial de Tom Waits, cuya música melancólica y, en más de una ocasión, definitivamente mortuoria, parece encarnar a la perfección esa inflexión irónica que empapa al film.

Pasión suicida (Wristcutters: A Love Story es el título original, más a tono con el estilo general del relato) está mucho más cerca del típico film indie de lo que una sinopsis podría hacer suponer. Porque más allá del radical punto de partida y de un humor “a cara de póquer” que ofrece más de un momento de genuino interés –particularmente en la primera media hora-, la película termina siendo un derivado de la road movie, con sus protagonistas viajando por la carretera, encontrando nuevos personajes y paisajes que los someten a diversos cambios y crecimientos internos. Al fin y al cabo, se trata de una comedia amable con algunas moralejas y el consabido final feliz.

Diego Brodersen

Tierra de pesadillas (Tideland, Canadá-Reino Unido/2005)
Dirección: Terry Gilliam
Editora: Transeuropa

Sin pasar por las salas de cine, se editó Tierra de pesadillas, último film del director de Brasil, una relectura exclusivamente para adultos de “Alicia en el país de las maravillas” donde tienen cabida tanto lo horripilante como lo maravilloso.

“Los sueños, sueños son”, reza el popular aforismo, pero la frase pierde parte de su fuerza en el universo cinematográfico de Terry Gilliam. El director de Brasil y Pánico y locura en Las Vegas ha creado un cuerpo de obras en el cual lo onírico -y lo abiertamente pesadillesco- resulta mucho más palpable y concreto que cualquier impronta que la realidad intente colar en sus resquicios. Tierra de pesadillas, opus doce en su filmografía, no escapa a esta generalización; por el contrario, la reafirma con creces.

Basada en la novela “Tideland” de Mitch Cullin y filmada en Canadá con un presupuesto reducido durante un alto en el rodaje de Los hermanos Grimm –film de perfil más alto que supo disfrutar de un lanzamiento más acorde con las reglas del mainstream-, Tierra de pesadillas va en camino de convertirse en otro film maldito del realizador. Es que su relato acerca de una niña y el mundo de fantasía que la rodea luego de la muerte de sus padres corre en un carril absolutamente paralelo al de tanto largometraje con roperos mágicos y reinos prodigiosos diseñados para el consumo rápido de los niños globalizados.

No se trata, ciertamente, de una película para chicos, aunque su protagonista no supere los diez años: la primera escena nos presenta a Jeliza-Rose preparando una buena dosis de heroína para su padre, un rockero en franca decadencia física y emocional. Luego de la súbita muerte de su madre, la jovencita inicia un breve viaje con su progenitor a una vieja y destartalada casa de campo. No pasará demasiado tiempo antes de quedarse sola en ese despoblado mundo (la mortal sobredosis de droga hará que Jeff Bridges pase gran parte del resto de la película en un elevado estado de descomposición).

Jeliza-Rose negará la muerte que la rodea acompañada por sus únicas amigas, cuatro parlanchinas cabezas de muñeca amputadas de sus cuerpos, alter egos de los distintos miedos y corajes de la protagonista. Luego harán su entrada los únicos vecinos de la zona, dos particulares hermanos cuya madre descansa momificada en un cuarto-santuario.

Como en una virulenta relectura de “Alicia en el país de las maravillas” –clásico relato que el film referencia literalmente en más de un pasaje-, Gilliam construye un universo paralelo donde el nonsense del libro de Lewis Carroll es reemplazado por imágenes alucinadas, donde tienen lugar tanto lo deforme como lo maravilloso, lo putrefacto y lo entrañable, todo ello reforzado por el característico y ubicuo uso del lente gran angular, marca de estilo del realizador.

Tierra de pesadillas, más allá de su negrísimo sentido del humor y cierta desfachatez para encarar una historia que en otras manos se sentiría más encorsetada por las reglas narrativas al uso, es un film absolutamente fallido, en el cual las potencialidades son más evidentes que los logros. La última escena, sin embargo, con su preciso equilibrio entre el horror y el asombro, permanece en las retinas con la fuerza de la más vívida de las pesadillas. Una rareza, en última instancia, en la carrera de un cineasta que conoce de excentricidades.

Diego Brodersen

Exiliados (Fong juk, Hong Kong, 2006)
Dirección: Johnny To
Editora: Gativideo

Lanzado directamente en dvd, Exiliados es uno de los mejores largometrajes en la extensa carrera de Johnny To. Con mucha acción, suspenso y humor, esta historia de un puñado de mafiosos perdidos en Macao es un verdadero bálsamo para los males cinematográficos del mundo.

De a poco, tímidamente, comienzan a aparecer aquí y allá algunos títulos del último autor de cine de género made in Hong Kong: Johnny To. Al estreno de Election, que pronto será seguido por su compañera Election 2, el sello Gativideo viene ahora a sumar uno de los hijos más descarriados de la familia To, la vital, entrañable, violenta, imaginativa, excéntrica –y siguen los adjetivos- Exiliados, uno de los mejores largometrajes en la carrera del realizador y un verdadero bálsamo contra varios de los males cinematográficos del mundo.

Sin dudas, ésta es una de esas películas capaces de reconciliar al espectador con el cine popular. Con su mixtura perfecta de acción, suspenso y humor y un grupo de personajes hiperrealistas inmersos en una historia que se introduce de lleno en el terreno del absurdo, este film presentado oficialmente en el Festival de Venecia en el año 2006 recupera además ciertos placeres lúdicos. El cine como juego, que no necesariamente debe estar reñido con la seriedad y el rigor: para divertirse jugando hay que seguir ciertas reglas que, no es necesario aclararlo, pueden romperse en cualquier momento para inventar otras.

La acción transcurre en Macao, la otrora colonia portuguesa ahora transformada en una de las “zonas especiales” –junto con Hong Kong- del imperio pseudo capitalista chino. Allí van a parar dos grupos de matones, encargados los primeros de asesinar a un caballero acusado de traición a su grupo mafioso, los segundos obligados a defender a esa misma persona. Pero resulta que todos se conocen, fueron amigos en la infancia, ingresaron a organización criminal al mismo tiempo. Y así, luego de una secuencia donde parece que todo terminará en balacera y derramamiento de sangre, los amigotes terminan comiendo, bebiendo y riendo mientras recuerdan el pasado.

Primera sorpresa de un film que tiene preparados unos cuantos giros inesperados y que termina creando un universo paralelo donde los asesinatos por encargo se elijen a la carta, la policía brilla por su ausencia y la posibilidad de la aventura por la aventura misma termina triunfando por sobre cualquier atracción económica, como en una imposible inversión de La pandilla salvaje.

Exiliados entrega como regalo al espectador más de una secuencia de antología, marca registrada del realizador, como el inesperado tiroteo dentro de un antro en el cual van a parar varios mafiosos heridos o la escena del robo de los lingotes de oro. Pero lo notable es la manera en la cual To enhebra, cose, rompe y zurce esos puntos altos -claramente pre-diseñados desde el guión- en un tapiz alucinado que nunca se siente artificial, una fantasía animada por los más nobles mecanismos narrativos, una artesanía de inmejorable y bella factura. Bienvenidos a la diversión.

Diego Brodersen

Conociendo a Jane Austen (The Jane Austen Book Club, EE.UU., 2007)
Dirección: Robin Swicord
Editora: LK-Tel

La ópera prima de la guionista Robin Swicord narra las historias de cinco mujeres y un hombre que fundan un club de lectura de Jane Austen como exorcismo para sus conflictos amorosos. Quizás la mayor traición del film a la obra de la autora sea transformar el romanticismo en cursilería.

Que la comedia romántica no está atravesando uno de sus mejores períodos históricos no es ninguna novedad, y no se trata simplemente de una añoranza por las épocas doradas de Hollywood y su perfecto ensamblaje de guión, puesta en escena, timing para los diálogos y estrellas en perfecto dominio de las circunstancias. Quizás sean los tiempos que corren, demasiado escépticos y cínicos, los que no permiten la presencia de películas donde la fantasía del romance eterno se sienta –aunque suene paradójico- genuina.

El concepto que moviliza a los personajes de Conociendo a Jane Austen, ópera prima de la guionista Robin Swicord (Memorias de una geisha), se presenta ingenioso y reflexivo: esa mirada hacia el pasado, representado por las novelas de la autora británica Jane Austen, permiten que los avatares de seis personajes contemporáneos se empapen de cierta sensibilidad anacrónica a la hora de narrar sus desavenencias y deseos. Austen es, por supuesto, una escritora particular por su doble rol de ícono victoriano y reservorio de inquietudes pre-feministas.

Cinco mujeres y un hombre, todos ellos habitantes de buen pasar del valle californiano, inician un club de discusión sobre los libros de Austen como una suerte de exorcismo colectivo de sus anhelos y frustraciones personales. Una de ellas acaba de separarse de su marido, otra anda en busca de un séptimo esposo, una tercera insiste en no involucrarse eróticamente con hombre alguno, otra está atravesando una profunda crisis matrimonial y, finalmente, la más joven se tropieza con una traición dura de sobrellevar. El muchacho parece ser el único miembro del exclusivo club que no evidencia problema alguno, atareado como está en su afición por la literatura de ciencia ficción y su evidente atracción por una de las cinco mujeres.

A un libro por mes, la historia personal de cada uno de los fans de Austen comienza a reflejarse en algún personaje creado por la escritora. Desgraciadamente, ese estimulante punto de partida deriva rápidamente en otra película donde los conflictos personales se resuelven a partir de un derivado cinematográfico del pensamiento mágico, desmintiendo el complejo entramado social y cultural que hace de la obra literaria de la homenajeada un verdadero tratado de los protocolos emocionales y amorosos de su tiempo.

No ayuda el hecho de que la mitad, al menos, de los personajes femeninos se revelen como estereotipos, en particular la profesora de francés que nunca viajó a Francia y está casada con un “Neardental” -según reza una línea de diálogo-, luce corte carré y viste trajes con puntillas. Las actrices, entre ellas Mario Bello, Amy Brenneman y Kathy Baker, intentan sobrellevar la situación con profesionalismo –con sensatez y sentimientos, podría decirse-, pero así dadas las cosas el film avanza irremediablemente hacia un inesperado final feliz múltiple donde la reconciliación y las segundas oportunidades devienen en panacea de todos los males amorosos.

No hay nada de malo en esa idea, por supuesto, aunque se requiere algo más que una vuelta de guión y una elipsis de un año para conmover seduciendo (o seducir conmoviendo). Esa es la mayor traición del film a la obra de Jane Austen: transformar el romanticismo en cursilería.

Diego Brodersen

Pelotón sangriento (R-Point, Corea del Sur, 2004)
Dirección: Kong Su-chan
Editora: SBP

Sin brillar en el terreno de la confección de sustos, Pelotón sangriento es un pequeño film que funciona en base a la acumulación de suspenso y la creación de climas ominosos. El film narra las desventuras de un comando militar en medio de una selva de Vietnam encantada.

Pelotón sangriento forma parte -quizás no con mucha, pero sí con algo de honra- del cine comercial surcoreano de presupuesto medio, el cual nutre anualmente a la industria de cine de ese país con un puñado importante de títulos. La placa “Contiene escenas de violencia extrema” de la portada del disco puede hacerle creer a más de un incauto que el debut del realizador Kong Su-chan es uno de esos productos ultra-gore capaces de asquear al seguidor más fanático de la sangre y las vísceras fílmicas, pero nada hay más alejado de la realidad: se trata de un pequeño film que funciona primordialmente en base a la acumulación de suspenso y la creación de climas ominosos.

Nada hay demasiado novedoso en los giros del relato planteados por Pelotón sangriento, que reelabora ideas de decenas de films de terror oriental reciente y usurpa sólo en apariencia la idea central de Depredador. No hay aquí ningún ejemplar de cazador alienígena perdido en nuestro planeta pero sí un grupo de militares luchando contra el más inesperado de los enemigos, para colmo de males inmune a las armas de fuego. No se trata, de todas formas, de comunistas blindados.

La pesadilla comienza cuando un burócrata del ejército envía a un comando de perdedores en busca de otro pelotón perdido en medio de la selva vietnamita. La acción transcurre en el año 1972 y aquí se hace necesario aclarar que, a instancias de sus aliados norteamericanos, los coreanos ubicados al sur del paralelo 38 participaron activamente, aunque en pequeña escala, de la famosa contienda bélica del sureste asiático.

A poco de llegar al Punto R del título original, un sitio considerado sagrado por los habitantes de la región, los hechos más extraños comienzan a tener lugar entre los incautos militares: soldados que aparecen y desaparecen sin dejar rastro, extrañas voces que llegan al transmisor de radio en medio de la noche, la primera de una serie de muertes tan horripilantes como inexplicables.

Para no perder la costumbre, una mujer fantasma de largo cabello negro reaparece una y otra vez en los campos que rodean a una desvencijada mansión, no tanto un refugio de los males del inframundo como una verdadera trampa mortal para los protagonistas. Sin brillar en el terreno de la originalidad y la confección de sustos, Pelotón sangriento puede disfrutarse como un pequeño film que conoce y utiliza a reglamento los mecanismos del cine de terror más básico y elemental.

Diego Brodersen

Lo que perdimos en el camino (Things We Lost in the Fire, EE.UU., 2007)
de Susanne Bier
Editora: AVH

El primer largometraje de la danesa Susanne Bier en los Estados Unidos narra la relación entre una viuda (Halle Berry) y el mejor amigo de su difunto esposo (Benicio del Toro), en un drama apenas correcto que reflexiona sobre el dolor del duelo y sus cambios a partir del paso del tiempo.

La realizadora danesa Susanne Bier viene especializándose en un derivado particular del melodrama clásico filtrado, por supuesto, por un tamiz realista deudor de ese olvidado conjunto dogmático conocido, precisamente, como Dogma. El amor, la pasión, la muerte, la soledad, la reconciliación, el duelo son algunos de los grandes temas que atraviesan su obra, particularmente en los tres largometrajes estrenados comercialmente en nuestro país: Corazones abiertos, Hermanos y Después del casamiento.

Cierta sensibilidad para la dramaturgia clásica parece haber llamado la atención de Sam Mendes –el director de Belleza americana-, quien se encargó como productor del film de hacer sonar el canto de sirena para este primer desembarco de la directora en territorio norteamericano. Para bien y para mal, Lo que perdimos en el camino continúa en la línea de sus trabajos anteriores, sin que el cambio de paradigma geográfico haya influenciado notoriamente los alcances y limitaciones de sus intereses temáticos y estéticos.

Audrey, una mujer joven (Halle Berry), pierde a su marido Brian (David Duchovny) en un crimen tan azaroso como inesperado. La película se saca de encima rápidamente cualquier problema de naturaleza “innoble” –la manutención de la casa y de los hijos del matrimonio de allí en más, por caso- convirtiendo a Brian en un genio de las finanzas, de manera de tener el camino libre para los dilemas psicológicos y/o espirituales que le interesan. En el velatorio aparece Jerry (Benicio del Toro), mejor amigo de la infancia del difunto, un abogado en las malas con serios problemas de adicción a la heroína.

A pesar del odio confeso que Audrey sentía cada vez que su marido visitaba a su compinche, luego del trágico evento decide invitar a Jerry a vivir a su casa, quizás como una manera de compensar las broncas del pasado, tal vez para llenar el espacio vacío. Este detalle de la trama se toca directamente con el núcleo dramático de la ya citada Hermanos aunque, curiosamente, el guión de este film fue escrito por Allan Loeb previamente, sin relación alguna con la realizadora. Lo que sigue es la cicatrización de heridas varias, una reflexión sobre el dolor y sus cambios a partir del paso del tiempo.

Es el propio Mendes quien, en el breve documental que puede encontrarse como extra en la edición en dvd, hace un comentario al paso que resume en pocas palabras la esencia de la película. Dice Mendes que “es difícil encontrar historias que, por un lado, sean personales, de seres humanos que interactúan y que, a su vez, tengan la escala necesaria para convertirse en película”. El concepto de “escala” es precisamente el mayor obstáculo para que Lo que perdimos en el camino se destaque por encima de tantos largometrajes similares.

El film funciona en base a las buenas actuaciones de los protagonistas y la construcción de un verosímil narrativo que respeta los puntos de vista y la evolución de los personajes, pero lo cierto es que su estructura resulta tan previsible (la introversión de Audrey será seguida de una gran catarsis, Jerry recaerá en el consumo de heroína, los niños verán en Jerry a un posible padre sustituto, etcétera) que sólo permite ser apreciada como la correcta aplicación de una receta genérica.

Lejos de iniciar una búsqueda de ciertas verdades a partir de la singularidad, el film se contenta con la reelaboración sistemática de tópicos y situaciones, la famosa “escala” narrativa, gran lastre de los dramas independientes del cine norteamericano contemporáneo.

Diego Brodersen

Ran (Japón, Francia / 1985)
Dirección: Akira Kurosawa
Editora: Gativideo

Aunque no se aplique ninguna política de curaduría, las editoras de video locales continúan lanzando algunos clásicos del cine en versiones restauradas. Ahora le llegó el turno a la última obra maestra de Akira Kurosawa, una particular versión del Rey Lear shakespeareano.

Ran es sin dudas la última gran película de Akira Kurosawa, un fresco épico de proporciones gigantescas y una de las obras más pesimistas y trágicas en toda la carrera del realizador japonés, que aquí parece haber perdido parte de su proverbial humanismo. Adaptando libremente el Rey Lear shakesperiano, trasladando la acción desde la antigua Bretaña al Japón medieval, el film se propone como una lectura personal sobre el poder y la locura, logrando que la parábola sobre el rey y sus hijos díscolos resuene en tiempos más modernos.

Coproducida por el francés Serge Silberman y estrenada en 1985, Ran es el tercer largometraje de Kurosawa luego de un intento de suicidio a comienzos de los años 70, un film realizado en un momento en el cual los grandes estudios nipones atravesaban el peor desastre económico de su historia. Los resultados artísticos demostraron que Kurosawa se hallaba en plena posesión de sus virtudes como cineasta.

Con un extraordinario uso del color –que brilla notablemente en esta copia restaurada- y una actuación destacada del gran Tatsuya Nakadai, Ran ofrece además dos de las escenas de batallas más impactantes de la historia del cine, registrada poco tiempo antes de que el uso de los extras fuera reemplazado por los trucos digitales. Precisamente, esa cualidad física de las imágenes es uno de los mayores logros de la película, que va alejándose del naturalismo a medida que su protagonista ingresa en los terrenos de la locura.
Joshua (Estados Unidos, 2007)
Dirección: George Ratliff
Editora: Gativideo

Editado directamente en dvd, Joshua es un film de terror tan atípico como estimulante, centrado en la desintegración de una familia a partir de una serie de dramáticos eventos orquestados por un niño. Una película no recomendable para padres de chicos problemáticos.

Joshua, primer largometraje de ficción de George Ratliff (director de un interesante documental sobre una secta católica titulado Hell House), es una de esas pequeñas pero agradables sorpresas que desembarcan directamente en formato hogareño sin pasar por las salas de cine. Particularmente si se tiene en cuenta que no son precisamente abundantes las películas de terror recientes que se alejen de las fórmulas probadas infinidad de veces, que logren realmente sorprender y asustar al espectador.

Etimológicamente, Joshua ni siquiera es “una de terror”, al menos en el sentido más literal de la expresión, aunque la portada del dvd anticipe una suerte de derivado de La profecía y similares relatos centrados en niños con poderes infernales. Algo de eso hay, por supuesto, y de hecho se trata de un film no recomendable para padres con chicos problemáticos. Quizás su mayor fuerza descanse en la inexistencia de elementos sobrenaturales o fantásticos, en la implacable incursión por algunas de las angustias sufridas por cualquier padre o madre que se precie de serlo.

La vida cotidiana de los Cairn comienza a irse al diablo cuando la familia recibe a un nuevo miembro, la pequeña hermana del joven en cuestión, y la madre comienza a repetir algunos de los síntomas depresivos sufridos luego del parto de Joshua. De allí en más, una serie de eventos minúsculos, aparentemente azarosos, se desarrollan hasta desencadenar una verdadera pesadilla familiar que incluye alguna que otra muerte trágica.

Si la idea de Joshua, un niño extremadamente inteligente y sensible, es destruir literalmente el núcleo familiar, el film se encarga de disponer la escalada de sufrimientos hogareños con buen ritmo y dosificación del suspenso, sin altisonancias y con una puesta en escena que destaca el punto de vista del padre del monstruo (Sam Rockwell en un rol de mucha prestancia), quien pasa del escepticismo a la incredulidad y de ella al horror paternal en un viaje sin escalas.

Diego Brodersen

Contra el poder (Shut Up & Sing, EE.UU., 2006)
de Barbara Kopple y Cecilia Peck
Editora: AVH

Este interesante documental político-musical desembarca directamente en las bateas de los videoclubes. Contra el poder describe las inesperadas repercusiones en la carrera de la banda country Dixie Chicks luego de una declaración casual sobre el presidente Bush.

El hecho de que las Dixie Chicks resulten prácticamente desconocidas en nuestro país no reduce en lo más mínimo las virtudes de este documental cuyo título original, Shut Up & Sing (algo así como “cállense y sigan cantando”) resulta bastante más elocuente que el local Contra el poder. La banda musical en cuestión, un trío de compositoras, cantantes e instrumentistas con fuerte raigambre en el country y una enorme popularidad en los Estados Unidos dio un paso en falso durante un concierto en el año 2003.

Al menos eso pensaron muchos de sus fans –y seguramente su manager, un tipo extremadamente simpático, según demuestran varias escenas- luego de que la cantante principal, durante un recital en Londres, amenizara uno de los intermedios entre tema y tema con una frase que tendría más de una inesperada repercusión. “Me avergüenzo de que nuestro presidente sea de Texas”, dijo la blonda  Natalie Maines a escasos días del comienzo de la invasión a Irak, y así comenzó el escándalo. Las chicas Dixie pasaron de vender cds como pan caliente a estar virtualmente prohibidas en todas las radios dedicadas al country (boicot que los responsables de las cadenas radiofónicas suavizarían con toda clase de eufemismos).

Contra el poder, dirigida a cuatro manos por las realizadoras Barbara Kopple (la veterana documentalista directora de Harlan County, USA) y Cecilia Peck (hija de Gregory), se centra en las difíciles circunstancias provocadas por esa afirmación política: la campaña en su contra instrumentada por un grupo de extrema derecha, el pisoteo comunitario de discos de seguidores enfurecidos, las acusaciones de antipatriotismo de diversos comunicadores e, incluso, una amenaza de muerte antes de una serie de recitales en su Texas natal.

Si bien el film evidencia, por momentos, una cercanía con las integrantes de la banda cercana a la veneración, Contra el poder gana en interés cuando se interesa por los procesos creativos y comerciales de la banda en circunstancias tan extrañas, siguiéndolas desde el hecho en cuestión hasta el lanzamiento de su último álbum, “Taking the Long Way”, en el año 2006. En el camino, una de las chicas tuvo su segundo hijo, la popularidad de Bush cayó en picada y el estilo musical de las Dixie Chicks se fusionó con otras vertientes de la música contemporánea.

Diego Brodersen

El nombre de la venganza (Corea del Sur, 2002)
de Park Chan-wook
Editora: SBP

Primera parte de la trilogía centrada en la violencia vindicadora, El nombre de la venganza se edita directamente en DVD. Comedia grotesca de horrores modernos, entre la sátira y el drama personal, la película ofrece una reflexión sobre diversas crueldades sociales.

¿Cuánta humillación, cuánto dolor es capaz de soportar el ser humano antes de reaccionar con el mismo grado de violencia ejercido originalmente sobre su persona? Esa parece ser la pregunta que atraviesa de principio a fin a El nombre de la venganza, film que, bajo su título original en inglés (Sympathy for Mr. Vengeance), iniciaba hace seis años la trilogía de la venganza del coreano Park Chan-wook (la tríada se completa con la aún inédita en nuestro país Sympathy for Lady Vengeance).

Eclipsada en gran medida por Oldboy: cinco días para vengarse -cuya exposición internacional se disparó luego de su paso por la competencia del festival de Cannes-, esta primera incursión en los recovecos del “ojo por ojo, diente por diente” es un film mucho más inteligente, polémico y brillante que sus hermanos fílmicos, menos amparado en los placeres genéricos y los juegos de puesta en escena, más revulsivo y complejo en sus alcances y repercusiones.

Si en Oldboy, un thriller amnésico, el ovillo narrativo comenzaba a desenrollarse a partir de diversas pistas y puntos de contacto entre el presente y el pasado, El nombre de la venganza propone un relato lineal de causas y efectos consecutivos, donde cada acto de violencia engendra otros excesos, siempre de manera exponencial, hasta su sangriento desenlace.

El mayor éxito de Park es lograr esa reflexión sobre diversas crueldades sociales a partir de un preciso balance entre la sátira y el drama personal, donde el entramado de secuestros, tráfico de órganos y torturas físicas componen una imagen en negativo de una sociedad de consumo tecnologizada pero aún infectada por los virus de un pasado reciente militarizado y revanchista.

El film poco y nada le debe al género policial –el rol de los policías se reduce a recolectar cadáveres- y apenas un poco a las películas de vengadores anónimos, de las cuales toma su leit motiv para darlo vuelta por completo y reencauzarlo a partir de un sentido trágico de la vida en las sociedades contemporáneas. El nombre de la venganza es una comedia grotesca de horrores modernos.

Diego Brodersen

Robocop (Estados Unidos, 1987)
de Paul Verhoeven
Editora: Gativideo

Ya se consigue en los videoclubes la edición especial de uno de los mejores largometrajes del holandés Paul Verhoeven. Este lanzamiento de dos discos presenta Robocop en dos versiones: la que se estrenó en todo el mundo y el corte del director, además de variados extras.

En una Detroit apenas futurista, una multinacional con intereses comerciales en el desarrollo urbanístico y las políticas de seguridad crea un policía cibernético para, teóricamente, mejorar la seguridad de la ciudad. Ese es el punto de partida de Robocop, no sólo uno de los mejores largometrajes del holandés Paul Verhoeven, sino una de las más ácidas miradas sobre la sociedad norteamericana de los años 80.

Robocop es presentado en sociedad como el policía del futuro, implacable, preciso, indestructible, incorruptible; un cyborg programado en base a tres directivas: servir al interés público, proteger al inocente, defender la ley. En otras palabras, el deber de todo policía interesado en hacer bien su trabajo. Pero el súper policía debe regirse por esas tres directivas básicas siempre y cuando no se contradigan con una cuarta ley especial: no dañar a ningún miembro de OCP, la empresa fabricante del artilugio.

Con algo del mito de Frankenstein y un ritmo implacable, Verhoeven transformó la premisa básica en un gran film de ciencia ficción y acción futurista. La edición que acaba de lanzarse en dvd incluye dos versiones de Robocop: la que se estrenó en todo el mundo y la versión previa al montaje final, que incluye poco más de un minuto extra de metraje. La diferencia radica en el grado de violencia plasmado en pantalla, suavizado para evitar en su momento la categoría X (veneno para la taquilla). El segundo disco incluye además varios extras de interés: documentales, trailers, storyboards, galerías de fotos y comentarios del realizador.

Diego Brodersen

Todo corazón (A Mighty Heart, EE.UU./2007)
de Michael Winterbottom
Editora: AVH

Se edita directamente en dvd el último film de Winterbottom, una reconstrucción del secuestro y asesinato del periodista Danniel Pearl basada en el libro de su viuda. Este vehículo para Angelina Jolie genera algunas preguntas sobre la pertinencia de films similares.

Películas como –por ejemplo- Vuelo 93 nos ponen en una situación delicada. No es fácil sacudirse de encima cierta sensación de incomodidad. El film de Paul Greengrass puede ser visto como un excelente film de desastre aéreo, con sus escenas de suspenso creciente, su grupo humano uniéndose en la lucha contra la inminente catástrofe, los intentos en tierra por comprender la magnitud del problema. Pero Vuelo 93, a diferencia de la clásica Aeropuerto, “termina mal”, con el avión estrellándose y todos sus protagonistas muertos, dato que el espectador, por supuesto, conoce de antemano.

Los norteamericanos suelen adjetivar a esta clase de historias de “inspiring”, inspiradoras; es decir, capaces de inspirar emociones o ideas positivas, aunque el propio Greengrass declaró que los últimos tramos de su film son pura elucubración: imposible saber si los pasajeros murieron heroicamente intentando ingresar a la cabina o lo hicieron en medio de los gritos más espantosos, abrazados ante la certeza de su muerte. La cercanía con los hechos no hace más que sumar otro elemento perturbador al relato. Pregunta sin respuesta sencilla: ¿habrá algo de obsceno, incluso de innecesario, en ese acercamiento a la tragedia sin la distancia que sabiamente sabe dar el paso del tiempo?

Planteos similares surgen ante Todo corazón, último largometraje de Michael Winterbottom, aunque su apuesta cinematográfica sea un tanto más insípida, anclada en mecanismos narrativos mucho más tradicionales. La historia es la del matrimonio integrado por Danniel y Mariane Pearl, una pareja de periodistas que cubrió la ocupación estadounidense en Afganistán luego del atentado a las Torres Gemelas. En la vecina Pakistán, con su mujer embarazada de seis meses, Danniel fue secuestrado por un grupo de terroristas, acusado de ser un espía de la CIA y del Mossad; luego de un par de semanas en cautiverio, fue decapitado delante de una cámara de video, horrorosa imagen que recorrió el mundo y que el film -como ocurría en Vuelo 93 con el impacto del avión- evita pudorosamente reconstruir.

Rodada en formato digital de alta definición, con la cámara montada sobre el hombro en plan testimonial, Todo corazón se acerca a esa tragedia personal utilizando los mecanismos del film de suspenso, con una investigación que avanza lentamente en el descubrimiento del paradero del secuestrado. No hay esperanzas, claro está, y el fatal desenlace se conoce desde el primer minuto de proyección. A diferencia de lo que ocurría con la película de Marco Bellochio –inédita en nuestro país- Buongiorno, notte, en la cual el realizador recreaba el secuestro seguido de asesinato de Aldo Moro, no hay aquí una reflexión sobre los mecanismos de la violencia y sus consecuencias en víctimas y victimarios, más allá de los inevitables lugares comunes.

El guión de John Orloff, basado en el libro de la propia Mariane Pearl, y la puesta en escena de Winterbottom se dedican a exponer con pulcritud y corrección los hechos y a reservarle a Angelina Jolie, protagonista absoluta de la película, el centro de atención de todas las escenas en las que aparece en cuadro (prácticamente todas). Incluso el personaje más interesante y complejo del film, el investigador pakistaní interpretado por el experimentado actor indio Irfan Khan, queda eclipsado por la presencia de la vedette principal del show. ¿Hay acaso una escena más innecesaria que el llanto crispado de Jolie/Pearl al enterarse de la muerte de su marido, más de un minuto de histrionismo puesto al servicio del golpe debajo del cinturón?

Diego Brodersen

Un verano para toda la vida (Australia, 2007)
de Rod Hardy
Editora: AVH

La primera película de Daniel Radcliffe sin la ayuda de anteojos, varitas o poderes mágicos lo encuentra de veraneo en las costas australianas. Se trata de un clásico coming-of-age en el cual cuatro huérfanos tienen la posibilidad de encontrar nuevos padres adoptivos.

Hay una razón de peso para que este film australiano llegue a nuestras costas en su versión digital: su protagonista es Daniel Radcliffe, actor indisolublemente ligado al personaje de Harry Potter, en su primer rol protagónico por fuera de la exitosa saga infantil. Así se la promociona y así será consumida por el habitué de los videoclubes, aunque su historia poco y nada tenga que ver con jóvenes hechiceros e instituciones educativas dedicadas a inculcar las artes de la magia.

Un verano para toda la vida sigue al pie de la letra las reglas básicas del universo del coming-of-age, a grandes rasgos todos aquellos relatos cuyos protagonistas abandonan una etapa de la vida para iniciar otra, generalmente ligada a la adultez. Aquí, un grupo de huérfanos –todos ellos nacidos en el mes de diciembre, de allí el título original December Boys- tiene la oportunidad de pasar una temporada fuera del orfanato en un pequeño pueblo del sur de Australia, en el hogar de un matrimonio maduro.

El cuarteto anda por los doce años de edad, excepto el mayor del grupo (Radcliffe), que transita la adolescencia con algún dejo de rebeldía y quien mantendrá su primera relación amorosa con una chica de la zona. El conflicto y la desunión de los amigos surgirá como consecuencia de una joven pareja dispuesta a adoptar a uno de ellos: los chicos desean con crecer tener padres y la competencia pondrá a prueba su amistad en varias oportunidades.

Basado en una novela autobiográfica, el film dirigido por Rod Hardy (un veterano de la televisión australiana) no ofrece demasiadas sorpresas y va limando toda clase de asperezas narrativas hasta llegar a un doble final lacrimógeno. El hecho de que la historia esté destinada a un público joven no implica necesariamente que los símbolos deban ser tan evidentes (hay un caballo que cambia de carácter según la ocasión) o que el tema de la muerte requiera necesariamente de un tono didáctico.

Lo mejor se encuentra en los tramos medios, cuando la película no necesita ligar causas y efectos y se limita a poner en pantalla una serie de viñetas bucólicas sobre la vida en el lugar. El trasfondo son los siempre sorpresivos paisajes australianos, incluidas unas rocas con formas tan extrañas como inquietantes. Luego de esta breve aventura en Oceanía, Radcliffe volverá a recorrer los pasillos de la Escuela Hogwarts en tres ocasiones; de allí en más, la barba y los pelos de las piernas lo enfrentarán con la estimulante realidad de tener que iniciar una nueva etapa en su vida profesional.

Diego Brodersen

Underground (1995)
Dirección: Emir Kusturica
Editora: Plus Video

Por primera vez en nuestro país, se editó en formato digital el mejor largometraje del bosnio Emir Kusturica. Underground es un paseo por los infiernos de ese país alguna vez llamado Yugoslavia y sus imágenes han quedado grabadas en toda una generación de cinéfilos.

Uno de los grandes éxitos del “cine-arte” -como solía llamárselo- de la década de los ‘90, Underground es probablemente el último gran film del realizador bosnio Emir Kusturica, la obra bisagra antes de comenzar su derrotero hacia la autocomplacencia y la regurgitación ad nauseam de su marcas de estilo. Acompañada por la atronadora música de Goran Bregovic y una imaginería inolvidable, la película ha logrado convertirse en el ensayo cinematográfico por excelencia sobre ese país alguna vez llamado Yugoslavia.

“Nací en un país donde la esperanza, la sonrisa y la alegría de vivir son más fuertes que en ningún otro. Pero también lo son las fuerzas del mal. Así, inevitablemente te conviertes en agresor o en víctima”, declaró el realizador en el momento del estreno. Es así que, a través de una serie de viñetas estilizadas, por momentos surrealistas, Underground se revela como un paseo por los infiernos yugoslavos, aunque esa alegría de vivir sea la fuerza principal que mueve a los personajes durante las mayores desgracias. Por supuesto, acompañados siempre por esa orquesta de bronces que se resiste a abandonar la pantalla.

Kusturica pertenece a la tercera generación de cineastas de la región de los Balcanes en alcanzar repercusión internacional. Sus primeros films, entre los cuales se destacan ¿Te acuerdas de Dolly Bell (1981)? y Papá salió en viaje de negocios (1985, ganadora de la Palma de Oro en Cannes), ya mostraban a un creador hiperquinético y excesivo, pero no por ello menos reflexivo sobre las condiciones sociales y políticas de su país. Pero sería Tiempo gitanos, película que continúa la tradición inaugurada por su coterráneo Aleksandar Petrovic con su film Conocí gitanos felices, el título que haría de Kusturica uno de los nombres más relevantes del cine internacional. Underground, editada ahora en dvd por primera vez en nuestro país, sólo confirmaría su talento.
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