Música campesina, de Alberto Fuguet Dicen que viajando se fortalece el corazón...
Diego Batlle y Patricia Kaiser Estrenada el
04 de Mayo de 2012
Música campesina (Estados Unidos-Chile/2011). Guión y dirección: Alberto Fuguet. Con Pablo Cerda, James Cathcart, Cole Kinnear, Ezra Fitz, Karen Davidovich Whitehouse. Fotografía: Ashley Zeigler. Edición: Sebastián Arraigada Duración: 100 minutos. En el Cine Cosmos-UBA (Corrientes 2046), los viernes y domingos de mayo, a las 20.
Crítica I
Por Diego Batlle
Luego de la decepción que me provocó Velódromo en el BAFICI 2010, con Música campesina me reconcilié con el cine de Fuguet y con su actor-fetiche Pablo Cerda.
Tras las anodinas desventuras del ciclista que deambulaba por Santiago en su film anterior, el reconocido escritor ahora traslada a su antihéroe a la ciudad de Nashville (contó con el apoyo de la universidad local en la que es profesor): un chileno que viene de sufrir un desengaño amoroso con una novia estadounidense. Entre hoteles y casas compartidas con losers/dealers/slackers (la mirada sobre la sociedad norteamericana es despiadada sin por eso caer jamás en la bajada de línea), Alejandro Tazo tendrá trabajos precarios (como limpiar baños en hoteles), amistades fugaces (incluida una con una... ¡argentina!) y experiencias musicales (es un fan de Johnny Cash).
Si bien al film le hubiese venido bien una puesta más "aireada", Fuguet da aquí un enorme salto cualitativo como narrador (aparecen algunos encuadres muy virtuosos), como director de actores y como observador de la soledad, de las contradicciones de los inmigrantes, y de las diferencias culturales, de costumbres y, claro, de idiomas entre norte y sudamericanos.
Crítica II
Por Patricia Kaiser
Hay muchas razones para largarse de su país. Y el amor puede ser una de ellas ¿Pero hay tantas razones como para no volver? Encontrarse a uno mismo, puede ser una de ellas. Alejandro Tazo, como el té, está buscando la respuesta a esa pregunta.
Llegado a Estados Unidos por amor, al ser abandonado por una novia gringa, con la que vivió la típica luna de miel de una extranjera liada con un ciudadano chileno, Tazo decide instalarse en Nashville para probar suerte y vivir la típica aventura de un extranjero descubriendo el mundo. Realmente, Tazo no tiene ni la menor idea de su itinerario ni de su futuro. Y sólo está claro en que está despechado por su novia, y en que no quiere volver a su país de origen en el estado emocional en que se encuentra.
¿Pero qué hacer en Nashville? Al principio, busca hospedajes baratos. Luego, intenta conseguir trabajo, desde limpiar baños en un hotel, pasando por plomero de segunda, hasta de vendedor en una tienda de música. Una de sus pasiones. La ciudad no se la pone fácil, entonces decide recorrer sus espacios, buscando respuestas a las mil preguntas que le rondan la cabeza. Y para ello usa su mayor talento: su encanto.
La película tiene, de manera bastante extraña, la estructura de una road movie, podrías permitirnos el término de road city. Deambula por sus espacios, por sus bares, por su gente. Intenta mimetizarse con esa cultura que le es ajena, y a la que, por momentos, odia o ama. Por lo que como todo filme de viajes, más que transformarse el entorno, que en este caso es siempre la misma ciudad; quien se transforma es el viajero.
Quiere ser aceptado por la sociedad, pero no le gusta esa sociedad. Transforma su cuerpo, su vestimenta, pero ésta más bien lo delata, como la patética figura de alguien que busca desesperadamente aceptación (o quizá pasar desapercibido). Domina parcamente el inglés y estudia para mejorarlo; pero su cerebro está cansado y sólo le pide volver a su español natal. Realmente Tazo, está entre dos aguas. Simplemente sufre de desarraigo.
Un desarraigo que Fuguet nos muestra, en un par de excelentes monólogos que sostiene con una camarera y con los compañeros que le alquilan el sofá de la casa; y en los largos silencios y acciones que emprende Tazo en su viaje. Es por cómo se mueve el protagonista en la ciudad, o en los lugares donde habita, que se nota la añoranza que tiene, quizá no por su vida pasada, sino por una vida que aún no ha descubierto cuál es.
Los primeros 15 minutos de la película, dan una excelente cuenta de ello. Sin diálogos, centrado en Tazo y las decisiones que toma, los gestos que nos muestra, la necesidad de transformar su primera morada en un hogar (como ordena sus artículos de aseo personal en el baño, es revelador). También da cuenta de la intención del director, la puesta en escena plateada. Largos planos, algunos de más de tres minutos, largos silencios, y la poca movilidad de la cámara (pues realmente Tazo no se mueve hacia ningún lugar); nos dicen muchos más, que las (pocas) palabras que el protagonista y los personajes pasajeros con los que se topa.
Al final, Tazo descubre que su país, lo ha llevado consigo siempre, y en un bar de “Ven con tu guitarra y canta”, se declara chileno, y toca una canción de su país, en español, con la que define toda su vida, y también su meta. Como era de esperarse, las calles de Nashville lo esperan para otra noche de ronda.
Hay que celebrar en este film la excelente actuación de Pablo Cerda en el papel de Tazo. El hombre se tira la película al hombro, y la sostiene. También, como es obvio por el título escogido, la banda sonora y el diseño de audio, son excelentes. El tema principal, que cierra los créditos, es una melodía que no me será fácil olvidar.
(Ambas reseñas fueron publicadas durante el BAFICI 2011)
silvina | 06.05.12 - 13:37:51 hs.
Vi la película el viernes. Me parece que tiene algunas buenas escenas y un guión donde se ahonda en el tema de la soledad y la situación de estar de viaje en busca de uno mismo, pero la dirección no me convenció. Quizás sea, como dice Batlle, que hubiera necesitado una puesta en escena más airada, lo cierto para mí es que me dio la sensación por momentos de estar viendo un reality en donde el espectador sigue los movimientos del actor haciendo un personaje muy parecido a sí mismo. La evolución del personaje al final me pareció forzada, hay una elipsis narrativa muy colgada, sin efecto porque no se profundiza en lo que lleva al personaje a ese final.