La cueva de los sueños olvidados, de Werner Herzog En busca del tiempo perdido
Josefina Sartora Estrenada el
29 de Diciembre de 2011
La cueva de los sueños olvidados (Cave of Forgotten Dreams, Francia, Canadá, Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania/2010). Guión y dirección: Werner Herzog. Fotografía: Peter Zeitlinger. Música: Ernst Reijseger. Edición: Joe Bini y Maya Hawke. Distribuidora: Zeta Films. Duración: 90 minutos. Salas: 10 (todas digitales 3D).
Las cuevas de Chauvet albergan en su interior una de las obras de arte más
relevantes de la humanidad. Son cuevas angostas, con una longitud de unos 400
metros, y sus paredes irregulares han atesorado durante más de 32.000 años un
conjunto de pinturas rupestres que representan la abundante y variada fauna que
habitaba Europa durante el Paleolítico.
El ser humano no cesa de
lamentar la falta de registros que testimonien la vida en la Prehistoria, antes
de que la escritura como la entendemos hoy fuera inventada. Por ello, todo resto
de representación es extremadamente valorado. Cuando dichas cuevas fueron
descubiertas en 1994 las pinturas estaban en perfecto estado de conservación, y
después de las experiencias de Altamira y Lascaux, donde la presencia de
numerosos turistas deterioró las pinturas allí encontradas, el gobierno clausuró
las cuevas de Chauvet a los curiosos. Sólo se permite la entrada a un limitado
número de investigadores -durante un corto período del año y por unos pocos
minutos-, quienes deben transitar por un angosto sendero elevado construido para
proteger los rastros de animales –osamentas y huellas de patas de osos
cavernarios- y el delicado suelo de la cueva.
Werner Herzog es el más
inquieto, el más original del grupo de directores alemanes surgidos en los ´70
dentro del movimiento que se llamó Nuevo Cine Alemán. Su obra abarca una
variedad de registros, desde la ficcionalización de mitos americanos y europeos,
experiencias con hipnosis, a un variado rango de documentales: desde el
inefable, inorgánico e inclasificable Fata morgana, pasando por
los que se ocupan de seres marginales, como Grizzly Man o
País del silencio y la oscuridad, o de lugares inexplorados
como En la salvaje azul lejanía, Encuentros en el fin
del mundo y éste, dedicado a las cuevas de Chauvet-Pont-d´Arc.
Herzog se introduce por el estrecho canal de acceso a las cuevas con su
fotógrafo Peter Zeitling y allí, a pesar de las restricciones naturales y las
impuestas, construye otro viaje hacia lo maravilloso. Sería absurdo describirlo,
el film hay que verlo, pero baste mencionar que allí hay toda una representación
de la vida animal del abundante bestiario que habitó Europa durante el
Paleolítico, cuando estaba cubierta de glaciares, las temperaturas eran
bajísimas y el ser humano habitaba en las cavernas: osos, leones sin
melena, rinocerontes lanudos, caballos, hienas, mamuts, mariposas y otros
insectos están dibujados con una técnica que parece actual. En gran parte
realizados con carbón, los (¿las?) artistas han aprovechado las irregularidades
de las superficies para sugerir el movimiento de las bestias. Entre tantos
animales, una única figura humana: el pubis de una mujer figura asociado a un
bisonte, en lo que se interpreta como la primera representación -prehistórica-
del mito del Minotauro.
Porque Herzog no cesa de indagar sobre el alma de
aquellos artistas rupestres: la posible función religiosa de esa cueva, cómo fue
la vida de los artistas y sobre todo, cuáles habrán sido sus sueños. Para ello,
entrevista a arqueólogos, paleontólogos y artistas relacionados con el estudio
de esas cuevas. Sin embargo, poco es lo que los científicos pueden agregar a la
elocuencia y el poder de las imágenes. En un momento, el guía propone callar,
para escuchar el silencio de la caverna y percibir el sonido de los propios
cuerpos. Herzog, siempre ávido, no lo soporta, e introduce una música que
quiebra la magia de esa penumbra.
Como su colega y compatriota Wim
Wenders en su documental Pina, Herzog utiliza la filmación en
3D para dar mayor realismo, sensualidad y espectacularidad al registro de esas
superficies sinuosas, y logra el mayor efecto en las tomas en el exterior, en
los meandros del río Ardèche, junto al acantilado que se desmoronó en parte hace
miles de años, clausurando la entrada a esa cueva. Lo cual hace pensar en un
tema no menor: cómo se habrán iluminado los artistas, pues la entrada original
no aportaría la luz necesaria para iluminar el fondo de la caverna. Pero además
de las pinturas y los restos de osamentas, la cueva alberga un fascinante bosque
de estalagmitas, formadas a lo largo de los siglos, después de que la cueva
fuera clausurada, y los cristales de esas formaciones espejan en medio de esa
galería de arte.
El film tiene momentos de humor, algunos casi ridículos,
como la demostración de caza de un arqueólogo, o la interpretación musical ¡del
himno estadounidense con una flauta prehistórica de hueso, y otros
inquietantes, como el ambicioso epílogo. Fiel a sí mismo, Herzog explora la
magia oculta tras las imágenes.
JUan O. | 28.12.11 - 12:54:57 hs.
¿NCA no era Nuevo Cine Argentino? ¿O era Nueva Comedia Americana? Ahora resulta ser que en realidad era Nuevo Cine Aleman. Por Dios, y después se hacen llamar críticos...
juanz | 29.12.11 - 16:49:19 hs.
NCA es el tren Nuevo Central Argentino!!
le querian poner NBA pero habia problemas de licencia, asi que optaron por algo ya muy trillado en definiciones de corrientes cinematograficas...