Kick-Ass, de Matthew Vaughn Super héroes y anti héroes
Federico Karstulovich Estrenada el
10 de Junio de 2010
Kick-Ass (Kick-Ass, Estados Unidos-Gran Bretaña/2010). Dirección: Matthew Vaughn. Con Aaron Johnson, Garrett M. Brown, Evan Peters, Lyndsy Fonseca, Christopher Mintz-Plasse, Chloe Moretz, Nicolas Cage y Mark Strong. Guión: Jane Goldman y Matthew Vaughn. Fotografía: Ben Davis. Música: Marius De Vries, Ilan Eshkeri, Henry Jackman y John Murphy. Edición: Eddie Hamilton, Jon Harris y Pietro Scalia. Diseño de producción: Russell De Rozario. Distribuidora: UIP. Duración: 117 minutos. Apta para mayores de 13 años.
Hay universos que mezclados suelen darnos agradables sorpresas como
espectadores: el terror y la ciencia ficción, en algún momento nos dieron
Terrore nello spazio, de Mario Bava; la comedia y el film de
aventuras nos regalaron En busca de la esmeralda perdida,
de Robert Zemeckis; el melodrama y la ciencia ficción nos ofrecieron la
saga Star Wars, de George Lucas (aunque no haya dirigido todas
las películas). La lista puede ser interminable, lo sé. Con menos ínfulas de
grandeza, Kick-Ass intentó reunir a las películas de cómics con
el universo de la parodia y, para no ser menos, una historia de
coming-of-age a lo Supercool. El resultado, incierto,
a medio camino de todo, no es poco disfrutable, pero nos deja con demasiadas
ganas de algo que no fue.
El comienzo de Kick-Ass es
bien deudor del mencionado film de Greg Mottola: tres adolescentes, no muy
especiales, no muy inteligentes ni bonitos se enfrentan a los últimos años de la
escuela secundaria. Carentes de perspectivas de vida en una cotidianeidad
anodina (hecho que se muestra con el nulo cambio que genera en el protagonista
la inmediata muerte de la madre, apenas a los pocos minutos de comenzada la
película), todo parece pasar por la compensación que Internet puede dar a sus
vidas grises. De ahí que la película apele a todos los lugares comunes de la
adolescencia en los que el cine ha pensado: masturbación, dificultad para las
relaciones en general, avidez por sexo, necesidad de destacarse.
Resulta
interesante, en semejante panorama, que la salida al mundo o en tal caso, la
revelación, la búsqueda de una identidad la dé el género del cómic. Justamente,
la necesidad de invención de un héroe es lo que pone al protagonista en otro
lugar. En este punto es donde se juegan las mejores cartas de la película: por
un lado, asistimos al crecimiento a los ponchazos de un adolescente sin muchas
luces a la vez que vemos la construcción desacralizada y poco solemne de un
héroe (siendo algo así como la contratara de El Hombre Araña,
por ejemplo, película citada en distintas ocasiones por el
protagonista).
Pero Kick-Ass, justamente por su
necesidad de conjugación de universos disímiles, cada vez que abre una puerta
debe cerrar la otra o evitar que el asunto se venga a pique. Es ahí donde, sobre
todo a partir de la segunda mitad, el film cambia el rumbo y abandona a sus
personajes más humanos casi creyéndose la solemnidad y la violencia que el
universo de personajes de cómic depara. De a poco, nos vamos olvidando del
protagonista y su necesidad de figuración (especialmente ante una chica a la que
ama y que sólo lo aceptará mientras éste siga fingiendo ser gay) y el espacio de
las subtramas de venganza entra a escena.
No está mal combinar géneros y
registros, pero al finalizar el film uno se queda con una sensación rara: no
terminamos de empatizar con el personaje y nos quitaron de ese mundo de geeks y
perdedores; no completamos la identificación con esos dos personajes bigger
than life que son Big Daddy y Hit Girl (extraordinarios Nicolas Cage y la
sorprendente -boca de letrina- Cloé Moretz) porque se nos expone a la
fascinación que generan sus intervenciones violentas y no sus posibilidades como
personajes; finalmente no nos creemos mucho el universo de mafiosos que deben
confrontar los protagonistas, precisamente por ser el tono más paródico del
asunto y generar una constante desmarca con respecto a los otros personajes
mostrados.
En definitiva, como si se tratara de un malabarista chino que
debe hacer girar los platos sobre varias varas a la vez evitando que se caigan,
nos vamos de Kick-Ass con la sensación de haber sido la primera
parte de una saga, con la sensación de “presentación de algo por venir”. El
problema, claro está, es que no siempre los mundos se comunican; a veces,
chocan, como diría George Constanza.